A medida que la temporada de los monzones llega a su fin en Pakistán, los administradores de inundaciones por todo el país pueden respirar más tranquilamente. Pakistán es uno de los países más amenazados por el tiempo extremo:[1] tan solo en el año 2010, las inundaciones provocaron más de 3000 muertes y aproximadamente $9 700 millones en pérdidas económicas.[2] Es imprescindible contar con mejores políticas para disminuir el riesgo de que se produzcan inundaciones y las investigaciones dirigidas por think tanks como el Sustainable Development Policy Institute contribuyen a orientar la manera en que estas se van forjando. Esta entrada de blog examina la actual gestión de los riesgos de las inundaciones en Pakistán y pone de relieve algunas áreas que deben mejorarse.

[Nota del editor: Esta entrada es la tercera de una serie de blog sobre los think tanks y el cambio climático. Imran Saqib Khalid es investigador universitario en el Sustainable Development Policy Institute (SDPI) en Islamabad, Pakistán. Él dirige la gobernanza del agua dentro del componente que le corresponde a Pakistán del proyecto Pathways to Resilience in Semi-arid Economies (PRISE) (vías hacia la resiliencia en economías semiáridas). PRISE es un consorcio de investigación de varios países dentro de la Iniciativa de Investigación sobre la Adaptación Colaborativa en África y Asia, una iniciativa financiada de manera conjunta entre el Departamento para el Desarrollo Internacional del Reino Unido y el Centro Internacional de Investigaciones para el Desarrollo de Canadá.]

Afortunadamente, este año han sido relativamente mínimas las inundaciones a lo largo de los ríos de Pakistan; no obstante, las crecidas repentinas provocaron la muerte de 50 personas en Chitral (en la región norte de Pakistán). En los últimos seis años se ha dado por sentado que se producirán inundaciones durante la temporada de los monzones, lo cual con frecuencia produce pérdidas humanas, el desplazamiento de comunidades enteras y daños significativos a la economía. Desafortunadamente, los climatólogos advierten que Pakistán experimentará aún más inundaciones a medida que continúa el calentamiento de la Tierra. Las tendencias en la frecuencia, escala e impacto de las recientes inundaciones están claramente vinculadas al cambio climático.

De hecho, las inundaciones son uno de los desastres naturales que causan el mayor daño en el mundo. Un estudio realizado en 2005 calculó que las pérdidas económicas producidas a raíz de las inundaciones fueron de $6 000 millones; sin embargo, se prevé que esta cifra aumentará a más de $50 000 millones para 2050[3]. No obstante, se puede prevenir una importante proporción de estas pérdidas. Como señaló en cierta ocasión Gilbert White, un reconocido geógrafo estadounidense: “Las inundaciones son desastres naturales, pero las pérdidas son producto del hombre, en su mayoría”.

¿Quién corre el mayor riesgo por estos acontecimientos?

Parecería que las inundaciones son eventos de corto plazo, pero su impacto perdura durante mucho tiempo después de haber desaparecido la última gota de agua. El Sustainable Development Policy Institute (SDPI), donde trabajo, se encuentra investigando la economía política de la gobernanza del agua en Pakistán, en el contexto de un proyecto de investigación colaborativo de varios países denominado Pathways to Resilience in Semi-arid Economies (PRISE). Una parte de nuestra investigación se propone poner de relieve las vulnerabilidades institucionales en la gestión de los riesgos de inundaciones en Pakistán. Comenzamos con la identificación de dos distritos en la provincia de Punjab (Dera Ghazi Khan y Jhang) que históricamente han sido susceptibles de sufrir inundaciones ribereñas; a continuación procedimos a efectuar análisis de las vulnerabilidades en un número de comunidades en estos distritos. Encontramos, como era de esperarse, que las poblaciones más necesitadas son las más propensas a sufrir los estragos de los desastres naturales.

Es posible que se pregunte que a qué se debe eso. En primer lugar, un gran número de las comunidades más pobres se encuentran en llanuras de inundación. Esto significa que cuando ocurren inundaciones, existe una mayor probabilidad de que se produzcan pérdidas de infraestructura, incluida la destrucción de las casas de los habitantes. Asimismo, las poblaciones más necesitadas con frecuencia no cuentan con los medios de diversificación en lo que se refiere a activos (ni siquiera una cuenta bancaria), lo cual significa que pierden prácticamente todas sus pertenencias tras un desastre. Pero lo peor es que a menudo las aguas tardan en drenarse, lo cual significa que todos los afectados también pierden acceso, por un tiempo indeterminado, a los terrenos de los cuales dependen para su subsistencia. Las investigaciones muestran que su incapacidad para hacer frente a la situación los deja con muy pocas alternativas. Esto, a su vez, los hace más vulnerables al ocurrir otros desastres.

A fin de disminuir el riesgo de inundaciones en las poblaciones más necesitadas, primero debemos contar con mejores datos que contribuyan a orientar la manera en que se toman las decisiones. Sin embargo, en Pakistán no se ha realizado un censo nacional desde 1998. ¿Por qué es esto importante? Esto significa que la gran mayoría de las decisiones públicas se toman principalmente con base en una serie de datos que se recaudaron hace casi dos décadas y que no necesariamente reflejan las realidades de la población actual. Esto conlleva graves repercusiones en la manera en que nos preparamos y reaccionamos ante los desastres naturales, al igual que en la forma en que tratamos de reducir los riesgos para los más vulnerables. Desafortunadamente, las investigaciones del SDPI también revelan que la gente sigue trasladándose a las llanuras de inundación ya que en el país no existen controles en la urbanización de las llanuras de inundaciones.

Cómo se puede mejorar la gestión de los riesgos de inundaciones

Históricamente, la respuesta de Pakistán a las inundaciones ha sido reactiva y no proactiva.  Sin embargo, es inadecuado adoptar un enfoque de protección solamente dado que las investigaciones y la experiencia demuestran que simplemente no se puede obtener una protección total ante una crecida repentina. Esto se debe principalmente a los altos costos que comportan, al igual que a la incertidumbre que presentan las condiciones climáticas en constante cambio. Entonces, ¿qué se puede hacer para disminuir los riesgos de inundaciones para las poblaciones más vulnerables?

Existe la apremiante necesidad de desarrollar estrategias para gestionar de manera eficaz los riesgos de inundaciones y mejorar la resiliencia. Esto exige contar con un conocimiento profundo de las diversas organizaciones que participan en las medidas de preparación y reacción ante las inundaciones, en conjunto con el uso de mejores datos sobre las poblaciones y la infraestructura física que están en peligro. Sería muy aconsejable que el Consejo de Intereses Comunes, un organismo gubernamental de alto nivel encargado de tomar decisiones, tuviera en cuenta la dimensión humana de la gobernanza al tomar decisiones en torno al próximo censo poblacional.

Es necesario diseminar ampliamente entre las comunidades la información sobre los riesgos de las inundaciones. Esto los ayudaría a estar prevenidos para las próximas inundaciones y al mismo tiempo estarían al tanto de las iniciativas de reacción y recuperación disponibles. Asimismo, se deben tomar medidas para mejorar el papel de las organizaciones locales no gubernamentales en las zonas de riesgos de inundaciones. Estas organizaciones han desempeñado una función fundamental en el éxito de las operaciones de socorro en casos de catástrofe e inundaciones en muchas zonas de Pakistán y el aprovechamiento de su experiencia podría ayudar a mejorar la planificación de los riesgos de los desastres.

Igualmente, en el país existe la necesidad de mejorar la planificación del desarrollo ya que en las llanuras de inundaciones no existe la planificación del uso del suelo. Hasta ahora el gobierno ha hecho muy poco para intentar reubicar a las personas expuestas a riesgos extremos a zonas de mayor elevación, o para cambiar la clasificación del suelo en las llanuras de inundaciones. Las investigaciones demuestran que no es suficiente construir bundhs o terraplenes para mejorar la resiliencia a las inundaciones. La elaboración de planes globales para la utilización y gestión del suelo pueden ayudar a los administradores de inundaciones a abordar los retos que supone el cambio climático, particularmente el riesgo de las inundaciones, al restringir el desarrollo en las zonas propensas a inundarse, mejorar los sistemas de previsión y evacuación y al fomentar el uso de accidentes naturales del paisaje para la gestión de las inundaciones. También es posible que ayuden a alentar el desarrollo de mecanismos de seguro para reducir el riesgo por pérdidas o daños de los activos.

Ha llegado la hora de actuar

Con una población en continuo aumento, patrones de desarrollo fortuitos y un clima en constante cambio, debemos replantearnos rápidamente la manera en que enfocamos la gestión de los riesgos de desastres. Para ello, debemos centrarnos en un enfoque de adaptación y resiliencia, aunado a los procesos de política, legislación y planificación uniformes e integrados en todos los niveles de gobierno: federal, provincial y de distrito. Además, es absolutamente imprescindible contar con una mejor coordinación entre los organismos nacionales y provinciales de gestión de desastres, gobiernos locales, entidades no gubernamentales y las comunidades; y que los planes de gestión de riesgos de desastres expliquen claramente las funciones correspondientes.

Los think tanks como el SDPI desempeñan un papel importante en la investigación de estas cuestiones complejas y en la interacción con los interesados para ayudar a mejorar la toma de decisiones fundamentada en evidencias. Durante todo el proyecto PRISE, SDPI ha interactuado directamente con los representantes gubernamentales de distintos niveles, al igual que con los interesados no gubernamentales. Con ellos hemos compartido de manera habitual los avances que hemos logrado y los resultados de nuestras investigaciones, incluso a través de seminarios y resúmenes de políticas públicas. Todo esto, a su vez, está contribuyendo a orientar nuevos enfoques para reducir el riesgo de las inundaciones.

Pakistán no puede permitirse sufrir otro episodio como el de las inundaciones de 2010. No obstante, debemos estar preparados para tal eventualidad si es que realmente vamos a reducir los riesgos para la población más vulnerable.

 

[1] Kreft et al. 2015. Global Climate Risk Index 2016, German Watch EV. https://germanwatch.org/en/download/13503.pdf. Consultado el 23 de octubre de 2016.

[2] "ADB-WB Assess Pakistan Flood Damage At $9.7 Billion" (El Banco Asiático de Desarrollo y el Banco Mundial estiman en USD 9700 millones los daños provocados por las inundaciones en Pakistán). El Banco Mundial 2016. http://www.worldbank.org/en/news/press-release/2010/10/14/adb-wb-assess-pakistan-flood-damage-at-97-billion. Consultado el 23 de octubre de 2016.

[3] Hallegatte et al. 2013. Nature Climate Change 3: 802-806.

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