En este blog, Sue Szabo del IDRC considera la importancia de entender los distintos contextos en los que se ejecutan las agendas de desarrollo global. Hace hincapié en que, para “entender” el contexto, no es suficiente simplemente recabar y acumular datos o incluso solo escuchar las voces de ciudadanos individuales. Los procesos y resultados de investigación deben incluir y relacionarse con los ciudadanos si la idea es abordar colectivamente nuestros desafíos de desarrollo más pronunciados. Sue destaca las lecciones aprendidas a través del trabajo de la Iniciativa Think Tank y también de las consultas realizadas en el Simposio Mundial de Investigación sobre Sistemas de Salud de Vancouver de 2016.

[Nota del editor: Sue Szabo es miembro del Comité Ejecutivo de la Iniciativa Think Tank (TTI). También es directora del núcleo de programas Economías inclusivas del Centro Internacional de Investigaciones para el Desarrollo (IDRC) de Canadá, que incluye TTI y otros tres programas: Salud Materno Infantil, Gobernanza y Justicia y Empleo y Crecimiento].

Reconocimiento de la multiplicidad

En noviembre pasado, asistí al Simposio Mundial de Investigación sobre Sistemas de Salud en Vancouver. Siendo canadiense, me sentí mortificada por lo poco que sabía acerca de esta ciudad en la costa oeste de Canadá, ubicada a más de 3500 km de la capital del país donde vivo. Me impresionó profundamente el hecho de que Vancouver se encuentre en los territorios tradicionales de tres de las Primeras Naciones de Canadá. En la sesión de apertura del simposio se reconoció que éramos visitantes en este territorio originario y, explícita e implícitamente, se nos exhortó a considerar a cuáles voces prestamos atención y de quiénes era la realidad reflejada.

Este tema se exploró posteriormente durante una consulta que dirigí junto con unas 40 personas que trabajan o están involucradas en instituciones de investigación de políticas. Debatimos sobre la función que dichas organizaciones —y los financiadores que las respaldan— pueden desempeñar en el logro de los desafíos de desarrollo, en particular, en torno a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). En forma unánime, estuvimos de acuerdo en que las organizaciones basadas en países en vías de desarrollo están bien posicionadas para poner de manifiesto las diversas realidades de muchos grupos desfavorecidos y vulnerables, realidades que con frecuencia, están enmascaradas por estadísticas agregadas. Sin inversiones en recopilación, validación, análisis y uso compartido de datos locales, será muy difícil que los ODS realmente abarquen a todas las personas.

La consulta de Vancouver también sirvió para clarificar una inquietud importante: que la agenda de desarrollo global debe ir más allá de la simple recopilación y codificación de datos de todos los ciudadanos. Tiene que ir incluso más allá de la recopilación y el registro de las opiniones de los sin voz, aunque esto también sea importante. En cambio, existe una necesidad real de repensar los significados y las prácticas de inclusión. En resumen, debemos encontrar formas para poder sostener una mejor conexión con los ciudadanos. Si bien ninguno de nosotros estaba seguro de cómo luciría exactamente una agenda de participación y rendición de cuentas revisada, en la sala hubo consenso sobre la necesidad de fortalecer un diálogo inclusivo y de asegurar que los ODS no sean solo una conversación entre la élite. Los objetivos no solo deben ser para los ciudadanos, sino que deben llevarse a cabo con ellos.

¿Por qué es esto importante para la investigación?

Entender e integrar las realidades locales en la investigación aún es un desafío en muchas áreas. La Dra. Jean Shoveller, profesora en la Facultad de Población y Salud Pública de la Universidad de Columbia Británica (UBC), planteó esto claramente en su presentación en el simposio. Aquí, ella hizo referencia a una revisión de investigaciones recientes sobre intervenciones en materia de salud poblacional en publicaciones influyentes, en la que se determinó que el contexto, a menudo, no se extiende más allá de la descripción del marco de la investigación. En cambio, Shoveller y sus colegas sostienen que el contexto debe examinarse más cabalmente como un aspecto clave para la comprensión de la eficacia final de las intervenciones. Por ejemplo, ¿qué vínculos existen entre los aspectos sociales y físicos de un contexto dado? ¿Cómo están conectadas las personas entre sí y con las diversas instituciones? ¿Cómo afectan las distintas percepciones del contexto el comportamiento? 

Los diversos debates sobre contexto también revisten un carácter de urgencia para abordar mejor las causas fundamentales de vulnerabilidad y falta de equidad. Esto me recuerda otro artículo del año pasado que me quedó grabado dada mi propia formación como economista. En el artículo se comparaba el ranking de economistas destacados de 2006 a 2015, una década con retos importantes respecto de la teoría económica imperante. Pese a estos retos, el autor descubrió una sorprendente falta de movilidad entre los principales 200 economistas clasificados durante este tiempo. Más aún, a pesar de los logros de las mujeres en otros campos, solo había cuatro mujeres entre los principales 200 en 2015; en 2006 eran solo tres. Además, solo 11 de los principales 200 pertenecían a economías emergentes, lo que representaba un aumento de solo un economista en toda una década. Sospecho que esta tendencia es similar en otras disciplinas también.   

Para mí, esta inercia importa porque, como directora de una organización de financiación de investigaciones, con frecuencia escucho sobre la necesidad de financiar la “mejor” investigación. Esto, no obstante, predispone la financiación hacia aquellos que son “mejores” en este momento, además de permitirles navegar las modalidades de financiación que tienden a competencias globales y subvenciones de mayor cuantía. Sin embargo, “mejor” no es sinónimo de “rigor” y creo que puede sacarse mayor provecho de la financiación de investigaciones al promoverse una investigación rigurosa y cambios medibles en diversidad geográfica y de género simultáneamente.

En última instancia, los consejos nacionales financiadores de investigaciones de los países en desarrollo deberán desempeñar un papel más relevante en el apoyo de sus propios investigadores de maneras que no solo contribuyan con una mayor diversidad de investigadores prominentes, sino que también promuevan procesos de investigación mucho más inclusivos y resultados con los ciudadanos. Pero este papel, en especial respecto de la financiación para las ciencias sociales, apenas está en sus inicios. Las investigaciones y pruebas necesarias para apoyar la consecución de la agenda de ODS de 2030 en los países en vías de desarrollo requerirá del apoyo continuo de fuentes extranjeras de financiación: apoyo para producir las pruebas per se y también para los investigadores individuales y las instituciones de investigación que buscan marcar una diferencia en sus países a través de enfoques que estén verdaderamente cimentados en las realidades de sus contextos.

Valoración de la investigación local de manera realista

Si bien creo que las instituciones locales de investigación de políticas están mejor posicionadas para develar y abordar las barreras contextuales y las oportunidades dentro de sus entornos de países en desarrollo; esto no implica suponer, acríticamente, que todas pueden participar en enfoques de investigación más inclusivos y que lo harán. El género es un buen ejemplo. A menudo, me sorprende la cantidad de propuestas de investigación que leo que no tienen en cuenta el género, ya sea en preguntas de investigación, metodologías o equipos. Esta perspectiva crítica, aunque propicia, también se puso de manifiesto en nuestra consulta en Vancouver, lo que se reflejó en la diversidad de propósito, capacidad y enfoque entre las organizaciones involucradas en la agenda de ODS.

Al final de la consulta, nos pusimos de acuerdo sobre la necesidad de entender mejor las ventajas y desventajas de apoyar a las organizaciones de investigación locales, explícitamente considerando la naturaleza de sus conexiones con las poblaciones regionales y un enfoque de investigación más inclusivo. Asimismo, es vital valorar no solo los productos, sino también el proceso de investigación. Un elemento complementario es identificar intencionadamente formas de implicar a las instituciones de investigación locales en debates regionales y globales más amplios, a fin de garantizar que las voces locales estén mejor reflejadas en las conversaciones globales a medida que conjuntamente nos adentramos más en la agenda de ODS.  

A futuro

Los debates en los que participé en Vancouver, a través del simposio y en nuestra consulta, ofrecieron muchos puntos de reflexión sobre la importancia del contexto local, las funciones de las instituciones de investigación de políticas y la urgencia de actuar en cuanto a la agenda de ODS de 2030. Me convencieron aún más de que la financiación de investigaciones, en el contexto de los ODS, puede rendir más si se conecta lo mejor que puede aportar la investigación local —en términos de relevancia y propiedad— con el impulso que pueden ofrecer los esfuerzos regionales y globales, de una manera que pueda generar un impacto transformacional y cuantificable. En última instancia, creo que debemos practicar lo que predicamos. En adelante, este enfoque será un punto central en la agenda del núcleo de programas de investigación denominado Economías inclusivas que dirijo en el IDRC.

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