Se está generando un nuevo impulso en torno a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) a medida que los gobiernos nacionales integran la Agenda 2030 con sus propios procesos de políticas. El reconocimiento de la naturaleza multisectorial de los ODS está alentando a diferentes grupos de interés a participar en muchos contextos nacionales y en un amplio espectro de acciones. La salud en particular está actuando como fuerte catalizador de un cambio positivo. 

Este artículo ha sido publicado originalmente en el blog del BMJ. Para ver el artículo original, visite thebmjopinion.

Sin embargo, los avances en el establecimiento de los mecanismos necesarios para respaldar los esfuerzos en pos de los ODS son muy dispares en el mundo. La creciente desigualdad a menudo es responsable de que algunos ciudadanos queden excluidos de los beneficios que otros aprovechan; y una obsesión malsana por la medición de indicadores está entorpeciendo los esfuerzos por instaurar e implementar buenas políticas a fin de lograr verdaderas mejoras en los resultados sanitarios.

Estos retos ponen de relieve la necesidad de una buena gestión de gobierno de la salud pública y de instituciones sólidas capaces de configurar y ofrecer esa gestión de gobierno. También revelan el aporte de conocimientos de alta calidad, análisis y datos para nutrir de información a los encargados de la formulación y de la implementación de políticas, y la función importante que los líderes de opinión y las instituciones académicas pueden tener como fuentes de conocimiento, convocantes y mediadores entre los diferentes grupos de interés en los procesos de las políticas públicas.

Los intercambios recientes de información han puesto de manifiesto algunos cambios muy significativos en la práctica que podrían realmente ayudar a potenciar los avances en pos de los ODS relacionados con la salud. En una reunión reciente THINK_SDGs debatimos sobre siete grandes “cambios” que son necesarios para lograrlo:

En primer lugar, si bien los métodos,los instrumentos y los mecanismos son todos importantes para propiciar avances, el cambio real no se producirá a menos que los retos que plantean los ODS sean vistos como intrínsecamente políticos (pero no partidarios). Se necesitarán formas innovadoras y políticamente  ingeniosas de trabajar para interactuar con diferentes actores sociales.

En la actualidad, el foco de los ODS parece estar desplazándose demasiado hacia la obsesión por las mediciones,los indicadores de seguimiento, y los objetivos. Sin negar la importancia de estos, las recompensas reales son los resultados que indican mejoras en la salud y el bienestar de toda la ciudadanía. Una vez que se ha identificado claramente el cambio, el  siguiente paso debe ser la medición.

Hay demasiados casos de encuestas, censos y ejercicios de recopilación de información que sirven simplemente para extraer información de encuestados que luego pierden control de la información que han aportado. Quienes aportan la información normalmente no tienen idea del uso que se le da ni tienen injerencia en las decisiones que posteriormente se toman a partir de esa información. Para que realmente nadie quede excluido, es necesario que los ciudadanos formen parte de los procesos de generación de conocimiento y de sentido que permiten el progreso; y deben poder acceder a la información nuevamente para lograr una verdadera rendición de cuentas en la formulación e implementación de políticas.

Muy a menudo, los organismos bilaterales y multinacionales que tanto influyen en el campo de la salud mundial son los motores de la actividad local, y procuran controlar lo que sucede en la esfera local  aunque pueden ser los menos preparados para esto. Las soluciones y prácticas que surgen en el ámbito local suelen generar la mejor manera de progresar y, a su vez, enriquecen las iniciativas de organismos mundiales que pueden así orientar su apoyo y crear mecanismos de gobierno mundial que se configuran a partir de las realidades en el terreno.

Todos los grupos de interés tienen sus propios intereses particulares en materia de resultados sanitarios, sobre todo el sector privado que puede ser un catalizador tanto de cambios positivos como negativos. Es importante reconocer estos intereses y expectativas, y abordar explícitamente la ética de la asociación y la colaboración, en especial cuando está involucrado el sector privado.

Diferentes actores aportan sus competencias, intereses  y necesidades especiales para la generación de conocimiento. El antiguo adagio “el conocimiento es poder” sigue estando vigente: cuando se comparte y coparticipa es verdaderamente empoderador, pero cuando no se comparte y queda en poder de grupos selectos, esto solo sirve para afianzar los desequilibrios de poder.

Por último, los grupos de interés y las instituciones académicas realizan contribuciones muy significativas para potenciar los avances en pos de los ODS. Sin embargo, en lugar de ser considerados fuentes selectas de conocimiento cada vez más alejadas de su contexto local, estos pueden usar su credibilidad e independencia para moderar, acercar, convocar y dar sentido a los conocimientos de múltiples actores sociales con el fin de identificar formas de realizar verdaderos avances.

Lograr que estos cambios se produzcan en la práctica no será tarea fácil, pero al combinar los esfuerzos, aunar experiencia y conocimientos, y ayudar a fortalecer las capacidades en aquellas áreas donde son limitadas, los líderes  de  opinión y las instituciones académicas están en una posición sólida para ayudar a establecer comunidades transformadoras, y trabajar juntos para mejorar la salud y el bienestar.