Los "primeros 1000 días" de la vida de un niño son esenciales para su futuro, lo mismo ocurre con los acuerdos mundiales como los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Andrea Ordóñez, coordinadora de investigación de Southern Voice, escribe sobre las prioridades principales de la aplicación de los objetivos durante los primeros tres años de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible.

[Nota del editor: Esta publicación es una publicación original de Development Progress y forma parte de la serie de diálogos titulada “Starting strong: effective implementation of the SDGs” organizada por Southern Voice y el Overseas Development Institute (ODI). La autora es Andrea Ordóñez, coordinadora de investigación de la iniciativa Southern Voice.]

Cuando ODI y Southern Voice comenzaron a pensar sobre cómo podían colaborar durante la aplicación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), decidimos asumir el desafío de los primeros 1000 días, desde entonces ya han pasado casi tres años. Nos inspiraban dos analogías que ya eran populares.

La primera era la "agenda de 100 días" de los nuevos presidentes o primer ministros, un concepto que ha ganado popularidad en muchos países tanto entre los representantes elegidos como entre aquellos que los hacen rendir cuentas. Los primero 100 días marcaron la pauta de una nueva presidencia, establecieron las prioridades e ilustraron los tipos de medidas que el nuevo gobierno adoptará. Al final de dicho período, se entiende que la sociedad civil y los medios de comunicación estarán mejor posicionados para exigir responsabilidad al gobierno respecto de sus promesas. La segunda analogía es la de los "primeros 1000 días de vida", los que son críticos en cuanto a la capacidad de crecer y aprender de un niño. La adecuada nutrición y estimulación tendrán una importante influencia en la vida de un niño más allá de sus primeros años. Estas son inversiones que ejercerán un enorme impacto en el futuro, difícil de compensar con el paso del tiempo.

En el momento que escribo este blog, nos encontrábamos a los noventa días de los ODS. Si fuéramos un gobierno, ¡nos quedarían diez días para comenzar a mostrar resultados! Pero sabemos que la nueva agenda de desarrollo es mucho más compleja y que para sentar las bases de los próximos 15 años será preciso adoptar un pensamiento crítico y estratégico en los meses siguientes.

Bajo la bandera de los primeros 1000 días, el ODI y Southern Voice están organizando una reunión de pensadores de todo el mundo para hacer frente al desafío de establecer una base sólida dirigida a avanzar hacia la consecución de los ODS. Esta no es una tarea fácil. Exige una perspectiva a largo plazo de lo que está en juego teniendo presentes las limitaciones y las oportunidades que se presentan a corto plazo. También debe tenerse en cuenta la viabilidad tanto técnica como política.

Mientras los investigadores y los agentes encargados de las políticas comienzan a decidir que harán exactamente para tener un comienzo sólido, necesitamos adoptar una forma de pensar que pueda aprovechar al máximo las limitaciones existentes en el momento oportuno, así como los recursos y los conocimientos. Las tres características principales de nuestra forma de pensar que no podemos pasar por alto en los próximos meses son las siguientes:

  • Mantener la integridad de la agenda. Las iniciativas clave para iniciar los ODS deben mantener la integridad de la agenda. Si desde el principio tratamos los diferentes objetivos y metas de manera separada, a largo plazo daremos lugar a una aplicación desequilibrada y desconectada. Todos los sectores: educación, salud, economía, entre otros, necesitan más recursos y mejores datos. Si encontramos la manera de que estos distintos sectores se complementen entre sí de manera eficiente desde el principio, marcaremos una gran diferencia.
     
  • Hacer uso crítico de las pruebas. Existen limitaciones a las pruebas existentes sobre distintas cuestiones. Los datos son parciales y algunas áreas de los ODS han recibido menos atención que otros. El conocimiento disponible está principalmente basado en dominios y programas muy específicos, y es preciso trabajar con mucho empeño para que la investigación se materialice en medidas concretas. Al consolidar los conocimientos entre los distintos dominios podremos lograr una agenda más integrada. En el caso de los sectores en los que se disponen de pruebas, será necesario aplicar un buen criterio para evaluar la calidad de la investigación y comprender los resultados de manera significativa.
     
  • Centrar la atención en las ideas y la acción. En los primeros 1000 días podríamos vernos tentados a centrarnos únicamente en las medidas concretas —un nuevo Proyecto de Ley, una campaña de comunicación o un acuerdo intergubernamental— que se necesitan para alguna cuestión determinada. Si bien esto es fundamental, no debemos olvidarnos de diseñar ideas y conceptos impactantes que puedan inspirar y motivar la adopción de medidas.

En los próximos meses, distintos agentes se reunirán en Nairobi, Colombo y Bogotá a fin de desarrollar algunas de estas ideas y acciones. Estos diálogos regionales no solo tienen como fin servir de base para las medidas que adopten los participantes sino también dotar a la comunidad más amplia implicada en los ODS de ideas fundamentadas en las particularidades de cada región. Este nivel de análisis puede ayudar a los que trabajan en el plano nacional y en el plano mundial, así como aquellos que pueden examinar las distintas regiones para que se incorporen al proceso mundial.

En el momento de celebrarse el foro político de alto nivel establecido para los 200 días tras el inicio de la era de los ODS, nos proponemos definir medidas concretas e inspiradoras para dar impulso a la agenda. Lo invitamos a formar parte de este viaje.

Bajo la bandera de los primeros 1000 días, el ODI y Southern Voice están organizando una reunión de pensadores de todo el mundo para hacer frente al desafío de establecer una base sólida dirigida a avanzar hacia la consecución de los ODS.

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