A escala mundial, tanto las universidades como los think tanks proporcionan a los encargados de formular políticas, las organizaciones de sociedad civil, los medios de comunicación y a otros actores los datos comprobados que estos necesitan. La Iniciativa Think Thank (ITT) encargó estudios en América Latina, África y Asia Meridional con miras a obtener más información sobre si estas instituciones colaboran o compiten entre sí, así como para determinar si existen complementariedades. En estos estudios, se concluyó que los investigadores de los think tanks y de las universidades producen conocimientos y pruebas, y que se los proporcionan a los encargados de formular políticas, de formas que no habrían sido posibles si no lo hicieran en concierto.

[Nota del editor: Shannon Sutton de la Iniciativa Think Tank éditó una serie entradas de blog sobre los think tanks y las universidades para onthinktanks en 2015. Este entrada fue posteada originalmente en onthinktanks para introducir la serie. Pueden encontrar la serie completa aqui y el estudio aqui.]

Para una buena elaboración de políticas, se necesita un flujo continuo de información confiable. Muchos distintos actores contribuyen a los procesos de elaboración de políticas y cada uno de ellos debe atender a sus propias necesidades de información. Si bien es cierto que se suele criticar a los encargados de formular políticas de todo el mundo por usar pruebas de manera selectiva a la hora de tomar decisiones, muchos reconocen el valor que ofrecen los análisis y los datos de alta calidad. De igual manera, las organizaciones de la sociedad civil y los medios de comunicación buscan tener más acceso a información que sea confiable y sólida para poder participar de manera más eficaz en los debates nacionales sobre cuestiones normativas.

Entonces, ¿quiénes en realidad proporcionan las pruebas que estos actores necesitan? En muchos países, las universidades se han considerado por mucho tiempo las principales generadoras de iniciativas de investigación. Pero se está dando un cambio. Hoy en día, el panorama institucional dedicado a la investigación y la creación de conocimientos en muchos países se torna cada vez más variado, y más fracturado, a medida que diferentes tipos de instituciones se unen al campo.

La Iniciativa Think Tank (ITT) brinda apoyo a think tanks, o instituciones de investigación sobre políticas, en 20 países en desarrollo. Hemos notado que a medida que aumenta el rango y el tipo de instituciones que realizan investigaciones, también lo hace la competencia. Es difícil encontrar y retener investigadores cualificados cuando estos tienen cada vez más opciones laborales. Es difícil conseguir fondos de donantes cuando estos reciben cada vez más propuestas de investigación de buena calidad. También, es difícil lograr que los encargados de formular políticas presten atención a un estudio determinado, cuando existe un número ingente de otras instituciones que también realizan investigaciones sobre políticas.

Al reflexionar en estos desafíos, nos planteamos varias cuestiones importantes. Si brindamos apoyo a un tipo de institución, ¿se corre el riesgo de crear involuntariamente obstáculos para otras? ¿Cómo afecta la financiación selectiva a la relación entre las universidades y los think tanks: como colaboradores o como competidores? ¿Es importante promover la colaboración entre estos dos tipos de instituciones? Y cuando sí existe colaboración, ¿cómo ayuda o entorpece dicha colaboración a lograr transmitir conocimientos a través de los procesos y debates públicos sobre formulación de políticas?

Para poder responder a algunas de estas preguntas, la ITT respaldó una serie de estudios que analizaron cómo son las relaciones entre las universidades y los think tanks en África, Asia Meridional y América Latina. En estos estudios se destacan la sólida orientación práctica y el enfoque en la política de los think tanks, y el énfasis más teórico de muchos investigadores universitarios. En ellos, además se confirma que los investigadores de los think tanks y de las universidades suelen trabajar en conjunto porque comparten el interés por la investigación de calidad, la cual tiene el potencial de influir sobre la elaboración de políticas para el bien de la sociedad. Los investigadores de los think tanks aprecian el estatus que les confiere el hecho de trabajar con sus colegas de las universidades. Y los investigadores de las universidades aprecian las condiciones flexibles relacionadas con el hecho de trabajar con sus colegas de los think tanks, ya que eso los ayuda a evitar la burocracia de las universidades, la cual suele ser pesada y dificulta el inicio de los trabajos de investigación para los que el factor tiempo es importante.

Si bien ciertamente existe competencia entre ambos, los estudios han confirmado que los investigadores de los think tanks y de las universidades producen conocimientos y pruebas —que proporcionan a los encargados de formular políticas— de formas que no habrían sido posibles si no trabajasen en conjunto.

Entonces, ¿cómo puede la ITT alentar a que continúe esta relación constructiva? Aprendimos que hay varios factores que revisten de gran importancia: 1) una cultura de colaboración que inste a los investigadores a trabajar con otros y que conduzca a una mejor aplicación de las conclusiones; 2) un apoyo financiero que sea flexible y permita que los think tanks sean lo suficientemente innovadores y ágiles para que puedan trabajar con universidades en problemas complejos que afectan a las sociedades; e 3) investigadores de excelencia que posean el conocimiento, las aptitudes y las competencias para propiciar la creación de buenas asociaciones. Estas tan solo son las conclusiones de alto nivel. En las próximas publicaciones, los investigadores que llevaron a cabo los estudios reflexionan y comparten sus opiniones sobre las conclusiones obtenidas, y sobre cómo los think tanks y las universidades pueden forjar relaciones que los ayudarán a lograr unidos más de lo que podría lograr la suma de sus partes.

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